Ares, el Dios de la Guerra

Marte en está estos días en la oposición más favorable de los últimos 57 mil años. La tradición grecolatina relacionaba el color rojo del planeta con la guerra, ¿por qué?

Ares

Ares Ares conocido como dios griego de la guerra. Dice la tradición que éste caía antipático tanto a Zeus como al resto de dioses, probablemente por ser el brazo tonto del Olimpo (habitualmente caía presa del enemigo).

Leo en el ABC de la Mitología Griega que «el nacimiento de Ares supuso la alteración de las normas de guerra en el mundo pues se empezó a utilizar el hierro para crear espadas y escudos y se determinaron normas precisas para el ataque y la defensa». En la guerra, Ares no tenía especial cuidado en quien ganaba o perdía, mientras se derramara sangre.

Hierro y sangre. Sangre y hierro.

Resulta irónico que el culpable del color rojizo de la sangre sea precisamente el hierro. Como todos hemos aprendido en primaria, los glóbulos rojos son células especializadas en transportar el oxígeno por todo el cuerpo. Contienen una protenía especial llamada hemoglobina, que es la que contiene hierro. Y el hierro oxigenado, se vuelve rojo.

El hierro es un componente no tan común del Universo. Cuando el Universo se enfrió, la energía dio paso solamente a los átomos más simples: hidrógeno y helio. Esta materia primordial son los ladrillos que sustentan los primeros cuerpos celestes. Sin embargo, en el Sistema Solar hay cantidades nada despreciables de carbono, oxígeno y hierro. ¿De dónde provienen?

La forja del hierro

Las estrellas son unas glotonas. Los estómagos estelares combinan los elementos de la sopa primordial para formar átomos más pesados. El Sol, por ejemplo, se alimenta de hidrógeno y hace popó de helio. Cuando se acabe el hidrógeno, combinará el helio en carbono. Y cuando se acabe el helio, el Sol se atragantará y morirá de intoxicación carbónica.

Las estrellas superobesas, son capaces de procesar el carbono y otros átomos. Convierten el carbono en neón, sodio y magnesio; el neón en oxígeno y magnesio; el oxígeno en silicio y azufre; y el silicio en hierro. El hierro, al fusionarse, absorbe más energía de la que produce. Y al no disponer de la energía necesaria para mantenerse en forma, la estrella se colapsa sobre sí misma. Esto produce un rebote y ... voilà. Tenemos servida una Cremá estelar (también conocida como supernova).

Durante la explosión, las presiones y temperaturas alcanzadas por lo que queda de la estrella hacen posible que se creen cantidades pequeñas de casi toda la tabla periódica. Y de paso, la materia es lanzada a velocidades vertiginosas al espacio interestelar. Lo que queda es una nube, un remanente de supernova. A partir de los remanentes, y pasado el tiempo, se crean estrellas de segunda y tercera generación, caso del Sistema Solar.

Por tanto, el hierro y el oxígeno utilizado para forjar espadas, el del Planeta Rojo y el de nuestra sangre tienen un origen común. Una supernova. (Y ahora viene cuando digo la frase trascendental de «somos polvo de estrellas»).

Marte en el cielo

Cuando los romanos adoptaron la mitología griega, Ares se convirtió en Marte, que da nombre al día de la semana martes y al mes marzo.

Marte está estos días en una oposición muy favorable. Por ello, la NASA publicará las fotografías obtenidas por el Telescopio Espacial Hubble el día de máxima aproximación nada más le lleguen el próximo 27 de agosto. Además, se ha invitado al público a seleccionar una región de Marte para fotografiar con la sonda Mars Global Surveyor.